loader-missing

Por qué rezamos


Por qué rezamos

El temor hace que yo rece así: “Señor, ten piedad”. El anhelo crea este rezo en mí: “Deseo trabajar”.

Es absurdo fingir en mi sueño que deseo trabajar, mientras sueño que puedo hacerlo todo el tiempo.

-Jeanne de Salzmann, The Reality of Being


 Como dice mi amigo del Trabajo Lee Van Laer, en este punto del trabajo sólo hay tres prácticas: “Plegaria, plegaria y más plegaria”.

El sufrimiento que ahora experimento en las gentiles manos de mi maestro es un sufrimiento agradecido, no es del tipo mecánico ordinario, sino uno más profundo, de una clase de sufrimiento consciente* deseado por mucho tiempo. Él me está poniendo en mi lugar y con su gracia estoy pasando por lo que llamo “el proceso de humildad”. Pero este sufrimiento es intenso, doloroso y difícil –que se mitiga y soporta con gracia por el humor. Lo demanda todo de mí en lo que respecta al trabajo interior. A menudo es furioso y loco. A veces es físicamente doloroso y emocionalmente devastador. Es una “noche oscura del alma” que duró por meses. Pero también está la meta de no tomarme muy en serio, de encontrar el buen humor en la situación, y de reírme de mí mismo. A veces el “terror de la situación” es abrumador. En ciertas ocasiones pensé que moriría. No podía respirar completamente sin un gran esfuerzo. Se aceleraba mi corazón. Por las noches me despertaba en un sudor frío. Podía comer muy poco. Deseaba vivir en posición fetal. Entonces finalmente surge naturalmente la pregunta en este trabajo, en este punto de purificación de los centros*. ¿Quiero morir haciendo este trabajo?

Mi decisión fue, mejor terminar con esto en esta vida que seguir con esto en la próxima. Y superarme, superar mi dramatización e importancia personal.

He rezado para lograr la humildad por mucho tiempo. No esperaba que fuese como resultó, con tanta intensidad y sufrimiento, temor y anhelo. Pero mi maestro sabe; yo no. Veo claro mi nulidad, desamparo y también lo que el señor Gurdjieff enseña como “no puedo ´hacer´” con este proceso quirúrgico. Mi hermano del sangha de Osho, Maitreya, un maestro espiritual Advaita por derecho propio, dice esto sobre el sufrimiento que debo soportar:

El sentido de ser un hacedor individual, está programado en toda estructura del ego. El hacedor del ego se necesita para crear la ilusión de separatismo, que se manifiesta como sufrimiento en los humanos. La separación y el sufrimiento dan  contraste necesario al éctasis de la iluminación… Comprender este concepto de la gracia, como divino, te liberará de todo tipo de necesidad por lograr algo… El desamparo y la vulnerabilidad humana, de igual modo se aplican a los iluminados, pero éstos se adaptaron a la realidad de la entrega… De aquí que los Budas disfruten de la vida sin sufrimiento.

-Maitreya


Otra de las grandes y valiosas enseñanzas de los sufís es esta: “Sólo el bien resultará de esto”. No importa lo que ”esto” sea. De hecho es una enseñanza muy superior. Es la enseñanza del sometimiento a la voluntad de Dios, la gracia del gurú. Es una enseñanza de fe en la bondad y perfección del mundo del Maestro.

Así, mientras me encuentro en la mesa de operaciones de mi Maestro, sin la ayuda de la anestesia pero confiando en su dharma, me queda “sólo esto” (el señor Lee): “aceptar lo que es, como es, aquí y ahora” (Arnaud Desjardins). Me queda el ahora del cuerpo conscientemente relajado, mientras está siendo operado quirúrgicamente, una “ego-ectomía”.

Y finalmente, esta es mi plegaria: “Señor ten piedad; Deseo trabajar”. Mi Maestro me ha quebrado. Quebró mi corazón tan profunda y totalmente que sólo Dios puede curarme. Una angustia de este orden sólo puede verse como un regalo de piedad y gracia, que surge de colocarme conscientemente en posición de recibir ayuda de lo alto. Estoy empapado en la tristeza y ahogado en lágrimas (Irina Tweedie). Me sitúo en el ahora, que es el Sagrado Corazón de la Piedad. Señor ten piedad; Deseo trabajar.

Esta plegaria hace posible lo que alguna vez fue imposible. Una de las enseñanzas superiores de Chögyam Trungpa Rinpoche fue la siguiente: “Si la bondad no sirve, intenta con más bondad”. Esta plegaria (“Señor ten piedad; Deseo trabajar”) es una plegaria que  pide el coraje, la paciencia y compasión para poner en juego esta práctica superior con mis relaciones. La importancia personal, incluso en sus manifestaciones más sutiles, hace imposible este tipo de práctica. Y sin embargo, no puedo simplemente perder la importancia personal. No es tan simple. Concretamente, es imposible. Sólo la gracia puede eliminarla. Este trabajo es para posibilitar que se realice esta operación. ¿Cómo? Con la colocación consciente de la Atención de modo que uno esté “recogido en el lugar correcto”, y con la relajación consciente del cuerpo, de modo que el cirujano tenga acceso a él y pueda realizar este milagro. Uno puede ver esta “cirugía” como la propia práctica y como resultado legítimo de la misma.


Autor: Red Hawk
Fuente: Libro "El recuerdo de sí"