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La vida de Gurdjieff


La vida de Gurdjieff

Gurdjieff  murió  el  29  de  octubre  de  1949.  Era  un  hombre  extraordinario,  que  causó  una  profunda impresión  en  todos  los  que  le  conocieron,  aunquefuese  por  casualidad.  Cuando  vino  por  primera vez  a  Europa,  a  principios  de  1920,  atrajo  la  atención  de  todos  en  general.  Fundó  una  escuela  en Francia, conocida por la gente como “los filósofos del bosque”, y reunió un círculo de hombres y mujeres  notables,  cuyas  vidas  cambiaron  al  contacto  con  él.  Por  medio  de  ellos,  sus  ideas  se extendieron por el mundo, especialmente entre las gentes de habla inglesa,  y su influencia ha sido mayor de lo que muchos imaginan.A pesar de eso, desde 1935 desapareció casi por completo y quedó como un enigma hasta el final de su  vida.  Estaba  rodeado  por  un  pequeño  círculo  de  incondicionales  seguidores,  la  mayoría  de  los cuales,  después  de  morir  él,  se  empeñaron  en  perpetuar  su  trabajo  y  publicar  sus  libros.  De  sus cuatro libros, sólo uno, “El Anunciador del Bien que vendrá”se publicó en vida suya y, en el plazo de  un  año  fue  desechado  y  retirado  de  la  circulación.  Su  gran  obra  son  tres  libros:  el  primero, “Relatos  de  Belzebú  a  su  Nieto”, se  publicó  a  los  pocos  meses  de  su  muerte;  el  segundo, “Encuentros con Hombres Notables”, diez años después, y el tercero, “La Vida es real sólo cuando yo soy”, acaba de publicarse, por fin, ahora. Los tres estaban considerados por Gurdjieff como una sola  obra,  con  el  título “Del Todo y de todas las cosas”,  pero  en  la  práctica  se  le  puso  este  título sólo al primero.Tanto  sus  libros  propios como  los  que  hablan  de él  se  han  vendido  mucho,  pero  queda  la  duda  de que  se  hayan  leído  igual.  Muchos  han  reconocido  haber  ojeado  los “Relatos  de  Belzebú”de Gurdjieff, sin llegar a comprender de qué se trataba; muy pocos los han leído por completo y menos aún  son  los  que  han  afirmado  que  comprendían  cuál  era  su  propósito  al  escribirlo.  Esto  puede,  en parte,  darnos  una  idea  de  las  causas  por  las  que,  a  pesar  de  la  publicación  de  sus  libros  y  de  la enorme  difusión  del  libro  de  Ouspensky, “Fragmentos de una Enseñanza desconocida”,  que  ha llegado  a  considerarse  como  el  más  autorizado  sumario  de  sus  ideas,  Gurdjieff  sigue  siendo  una incógnita. Sus obras están enlas librerías, donde generalmente las colocan entre las de religión o las de  ocultismo,  pocas  veces  entre  las  de  filosofía  o  de  ciencia,  a  pesar  de  que  él  proclamaba  que  su aportación era, al mismo tiempo, científica y filosófica. Lo cierto es que se trata de un manifiesto a la humanidad, que la misma humanidad empieza a estar dispuesta a escuchar.Esto queda demostrado porque, ahora, casi veinticinco años después de su muerte, se está prestando un nuevo interés a él y a su obra. Sus libros se leen y se discuten de otra forma diferente. Aparecen por todo el mundo, en especial por los países de habla inglesa, grupos que se dedican al estudio y a la práctica de sus ideas. Muchos de los que dirigen estos grupos no han tenido más contacto con su método  que  a  través  de  lo  que  han  leído.  El  mismo  aseguraba  que  no  era  posible  transmitir  la esencia  de  sus  enseñanzas  solamente  por  medio  de  los  libros,  con  lo  que  siembra  la  duda  sobre  el valor de lo que se está haciendo ahora.Nos encontramos ante un fenómeno muy frecuente: un pensador, sorprendentemente original, muy por  delante  de  su  tiempo,  causa  impacto  en  sus  seguidores  inmediatos;  pero,  en  general,  no  es comprendido  ni  aceptado  por  sus  contemporáneos.  Tienen  que  pasar  una  o  varias  generaciones antes  de  que  empiece  a  despertarse  algún  interés.  Esto  es  lo  que  ha  pasado  con  Gurdjieff.  Su resurgir  se  ha  notado  especialmente  entre  los  jóvenes  que  se  interesan  por  sus  enseñanzas,  ya  que ven en Gurdjieff  a un profeta de la Nueva Era  y  esperan que vuelva cuando haya pasado la  actual crisis  de  la  humanidad.  Ven  en  él  una  ruptura  con  el  pasado  y  una  forma  de  comprender  las necesidades  del  futuro.  Hay  algo  que  añadir  a  esto,  y  es  la  creencia  de  que,  de  alguna  forma, Gurdjieff no está como un “lobo solitario”, sino que pertenece a una tradición que no depende del 

tiempo  y,  por  tanto,  no  le  afectan  las  alteraciones  de  la  vida,  siendo,  pues,  capaz  de  iluminar  los cambios de nuestro mundo.En  libros  y  periódicos  aparecen  montones  de  manifestaciones  personales  sobre  la  impresiónque produjo  Gurdjieff  en  los  que  trabajaron  con  él  durante  muchos  años,  o  simplemente  le  conocieron por casualidad. Todas son inevitablemente subjetivas ya que Gurdjieff era un verdadero enigma que presentaba una faceta diferente a  cada persona  y  en cada ocasión. Su propio relato, que solamente podremos encontrar en la Tercera Serie de sus  escritos, “La vida es Real sólo cuando yo soy”,  es más revelador que ningún otro, y tenemos la suerte de que este libro esté a punto de publicarse. El principal motivo de que las opiniones personales sean de tan poco valor es que Gurdjieff fue, desde el  principio  hasta  el  final,  un  investigador  que,  con  el  fin  de  cumplir  la  misión  de  su  vida, experimentaba, por diferentes medios, con cualquier forma de vida o de  conducta.Puedo asegurar que  en  mí  siempre  inspiró  amor  y  una  confianza  total.  Yo  nunca  dudé  que  él  quería  ayudarme  a cumplir  la  misión  de  mi  propia  vida  y  que  estábamos  unidos  en  un  propósito  común,  que  era presentar a la humanidad una visión de “el Hombre, el Mundo y Dios”, más aceptable que la que hoy  día  puede  ofrecer  la  psicología,  la  ciencia  y  la  religión.  Dedicó  la  primera  mitad  de  su  vida  a esta  empresa,  que  es  la  mayor  de  todas,  y  la  segunda  la  destinó  a  compartir  con  los  demás  las conclusiones que había sacado. En esto no tuvo éxito completo, ya que casi todos los que trataban estaban obsesionados con sus propios problemas personales y se empeñaban en verlo como “su” maestro.  El  se  compadecía  mucho  y  se  entregaba  sin  reservas.  A  veces  se  revelaba  contra  la estupidez y estrechez de sus propios seguidores y se marchaba intentando buscar otro camino mejor para cumplir su misión. Hay que añadir que la impresión que producía en la gente era sin necesidad tergiversada por la costumbre que se había impuesto deliberadamente de “pisar con fuerza el callo que más doliese a todo el que encontraba a su paso”. Lo que de verdad importaba era el mensaje de Gurdjieff  y  su  aplicación  al  mundo  actual.  También  es  vital  que  nosotros  podamos  formar  nuestra propia  opinión  sobre  sisu  mensaje  era  algo  particular  suyo  o  formaba  parte  de  un  mensaje  mayor procedente de una fuente más alta.Al  escribir  este  libro  me  he  propuesto  especialmente  examinar  este  aspecto  de  la  vida  y  obra  de Gurdjieff; averiguar si hay que considerar a Gurdjieff como un fenómeno aislado o, por el contrario, representa  a  una  tradición  cultural  que  ha  existido,  existe  ahora  y,  además,  tiene  influencia  en  las necesidades  presentes  y  futuras  de  la  humanidad.  Se  dedican  dos  capítulos  a  demostrar  que  las “escuelas de la sabiduría” han existido en Asia Central y, por tanto, es de suponer que existan hoy día. Para estudiar la posible conexión de Gurdjieff con las “escuelas de sabiduría”, será necesario seguir el hilo de sus propias investigaciones, que es un segundo hilo que encontramos a lo largo del libro.El tercer hilo son las ideas de Gurdjieff en sí mismas y los métodos que empleaba para transmitirlas a sus seguidores. Toda  la obra  gira  en torno a lo que llamo  en  el capítulo 8 la “pregunta de Gurdjieff”. Esta pregunta  y la respuesta que él encontró nos lleva a la conclusión de que Gurdjieff dejó un mensaje, de gran importancia en nuestros días, y que deberíamos dedicarnos a descifrarlo y poner  en  práctica  su  advertencia.  La  pregunta  es:  ¿Cuál  es  el  sentido  y  el  significado  de  la  vida sobre la tierra en general, y de la vida humana en particular?La pregunta no surge de forma explícita en la primera y segunda serie de los escritos de Gurdjieff. Esta es, sin duda, una razón de por qué han sido capaces de ver, por encima del Gurdjieff hombre o al maestro y al profeta de la Nueva Era. En los tiempos venideros, la humanidad se verá obligada a plantearse esta pregunta: “¿Para qué estamos aquí?”. Esta rotunda pregunta se convertirá, con todo su realismo, en nuestro principal problema cuando nuestro estúpido egoísmo e insensata actitud ante la  vida  en  la  tierra  y,  por  descontado,  la  tierra  misma,  se  hayan  desmoronado  ante  la  inexorable marcha de los acontecimientos.

A pesar de esta pregunta unificadora, no ha sido fácil combinar los tres cabos de la liada madeja de la  vida  de  Gurdjieff  sin  algunas  repeticiones  y  referencias  cruzadas.  He  intentado  conseguir  una coherencia  en  el  contexto  de  las  ideas,  antes  que  seguir  un  orden  cronológico  o  la  estructura  del “sistema” de Gurdjieff. El mismo Gurdjieff usaba pocas veces la palabra “sistema” y, en cambio, insistía en que la estructura de nuestro proceso mental no está capacitada para comprender el mundo real. El empleaba el término “Razón Objetiva” para designar la facultad del hombre  perfecto  que combina la visión beatífica de la Religión con la Razón Pura de Kant y lo completa con la posesión de  un  Ser  que  es  imperecedero.  El  propósito  de  todo  individuo  debe  ser  conseguir  algún  grado  de Razón Objetiva, para lo que debe estar decidido a perder su confianza en los procesos normales de pensamiento.  La  forma  que  tenía  Gurdjieff  de  presentar  sus  ideas  era  aparentemente  caótica  y  a menudo  contradictoria;  pero,  si  se  estudia  a  fondo,  descubre  una  unidad  de  propósito  muy coherente. Esto es lo que he tratado de descubrir.Esto  ha  requerido  el  estudio  de  las  obras  de  Gurdjieff  publicadas,  así  como  la Tercera  Serie,  no publicada hasta ahora, y muchas notas de las conferencias y charlas que dio entre 1915 y el final de su vida. He usado también mi propio diario y cartas escritas desde 1923, cuando llegué por primera vez al Instituto de Fontainebleau, hasta 1948 y 1949, que lo veía con frecuencia en París. He tenido la  suerte  de  poder  usar  los  apuntes,  muy  extensos,  y  el  diario  que  me  dio  MissGladys  Alexander, que conoció a Gurdjieff desde 1922 hasta su muerte y pasó muchos años en el Instituto. Era uno de sus  alumnos  más  aventajados.  También  he  usado  las  notas  que  me  dio  otra  alumna  inglesa,  Miss Elinor  Crowdy,  que  acabó  siendo  maestra  de  lasideas  de  Gurdjieff.  Estoy  muy  agradecido  a  los miembros  del  grupo  que  trabajó  con  Gurdjieff  en  París  durante  los  años  de  la  guerra,  por  dejarme copias  de  las  asambleas,  que  me  han  facilitado  un  valioso  enfoque  de  su  último  período  de enseñanza 1941-48. Pero, por encima de todo, estoy agradecido a los miembros de su familia, que me  han  permitido  inspeccionar  sus  apuntes  personales,  pasaportes  y  otros  documentos  oficiales, permitiéndome así comprobar fechas y lugares que, en caso contrario, hubiesen quedado en simples conjeturas. También me han dado autorización para copiar referencias de sus trabajos no publicados que están en mi poder.Difícilmente hubiese sido posible el trabajo, de no estar yo familiarizado con los países de Oriente Próximo donde Gurdjieff vivió  y trabajó durante más de la mitad de su vida. Por desgracia, no he tenido la suerte de satisfacer mis deseos de viajar con calma por el Turquestán, pero he conocido a varias  personas  de  esta  región:  Sartos  y  Uzbags,  Turcos  y  Tártaros,  de  los  cuales,  algunos  eran derviches, perfectos conocedores de la importancia de sus tradiciones. Me he dado cuenta a menudo de la fuerte sensación de calor que se nota viajando hacia el este de Estambul a Kars y también por Persia  hacia  el  río  Amu  Darya,  el  antiguo Oxus,  ese  río  maravilloso  que  ha  visto  durante  10.000 años  las  migraciones  de  los  hombres,  llevando  consigo  viejas  culturas  y  permitiendo  que  se establezcan otras nuevas. El río es todavía un imán para todos los que sientan algo por la antigüedad del hombre. Pero ¡ay!, la época de esplendor de en-Nehir, el río, como se le llama con cariño, se ha consumido. Ahora  ese  poco  más  que  una  frontera,  una  cortina  de  agua  que  separa  a  gentes  que  deberían  estar compartiendo sus ideas, como han venido haciendo durante miles de años. Bokhara, Samarkanda y Tashkent, nombres que evocan tan maravillosas imágenes de gloria del pasado se han convertido en ciudades modernas y centros industriales.La Antigua Sabiduría está buscando “verdes bosques y nuevos pastos” en el Oeste.  Una  de  las razones de que Gurdjieff y su vida tengan tanto atractivo para los jóvenes de hoy es la sensación de que ha abierto un canal para que fluyan por él de nuevo las aguas de la vida. Algunos han asegurado haber conocido a los Maestros de la Sabiduría, pero Gurdjieff trajo sus enseñanzas e hizo de  ellas una  forma  de  vida  práctica,  adaptada  al  mundo  moderno,  no  sólo  útil  al  individuo,  sino  a  toda  la humanidad.


La vida de Gurdjieff parece haber sido un fracaso si la medimos con sus esperanzas y aspiraciones. Su Instituto se hundió; dejó tras él muy pocos discípulos notables. Sus libros se han leído más como una curiosidad que como un presagio del nuevo mundo.Gurdjieff tomó deliberadamente todas las medidas posibles para evitar que lo convirtiesen en objeto de  devoción.  A  la  poderosísima  influencia  que  ejercía  en  todos  los  que  lo  conocían  la  llamaba Zvarnoharno, que  es  lo  mismo  que  el hvareno Avestán, una señal de un ser superior o “aura de majestad”.  Su  actitud  cínica  era  uno  de  los  medios  que  empleaba  para  tratar  de  desviar  esa veneración  que  se  tributa  a  los  héroes.  Siguió  su  trayectoria  hasta  que,  en  1935,  abandonó  sus deseos  de  consolidar  su  Instituto,  para  dedicarse  sobre  todo,  hasta  el  final  de  su  vida,  a  la preparación individual de personas que interpretasen sus ideas. En principio, buscó escritores, a los que entrenó de forma especial. Entre estos había algunos que no llegaron nunca a ser famosos como Kathryn  Hulme  y  René  Daumal,  pero  escribieron  excelentes  libros.  Tenía  buenos  alumnos  en América,  pero  evitó  que  se  formase  ninguna  organización.  A  todo  el  que  tenía  capacidad  para  la iniciación,  lo  animaba  para  que  formase  su  propio  grupo.  Si  encargaba  que  se  hiciese  algo, normalmente  se  lo  encomendaba  a  dos,  tres  o  más,  por  separado,  con  lo  que  creaba  confusión  y envidia.Otra precaución más que tomaba era exponer sus ideas de muchas formas, siempre sin concretar  y muchas veces despistando. Nadie podía considerarse con derecho a decir: “Esta es la enseñanza que hemos  recibido  de  Gurdjieff.  Está  completa  y  es  satisfactoria  e  inmutable.  Esto  es  lo  que  tenemos que transmitir”. Aún así, por desgracia, algunos de sus seguidores dijeron eso precisamente. No dejó  tras  sí  ningún  conato  de  organización,  ni  una  doctrina  fija,  ni  designó  un  sucesor.  Dejó un pequeño  grupo  de  alumnos  que,  con  cariño  y  dedicación,  se  dedicaron  a  realizar  su  trabajo  de  la misma  forma  que  se  había  hecho  con  ellos,  transfiriéndolo  a  los  que  estaban  preparados  para aceptarlo, sin modificarlo ni añadirle nada de otras fuentes.Yohe seguido una línea que difiere algo. He considerado siempre a Gurdjieff como mi maestro  y, pocos  días  antes  de  su  muerte,  prometí  esforzarme,  hasta  donde  fuese  posible,  para  que  sus  ideas fuesen  entendidas  y  aceptadas.  Me  di  cuenta  de  que,  para  esto,  tenía  que  trabajar  y  hacer  algo  por mí  mismo.  Creo  que  ahora  lo  estoy  haciendo  y  he  aceptado  el  desafío  de  llevar  mi  propio pensamiento a quienes pueda interesar.El  sábado  antes  de  su  muerte,  estuve  dos  horas  charlando  solo  con  Gurdjieff,  sentados  en  su  café habitual  de  la  Avenue  des  Ternes.  En  un  momento  de  la  conversación  le  dije  que  nunca  podría recompensarlo  por  todo  lo  que  había  hecho  por  mí  y  mi  esposa.  El  guardó  silencio  y,  mirándome fijamente a los ojos, dijo: “Sólo tú. Sólo tú puedes recompensarme por todos mis trabajos”, ni lo tomé entonces, ni lo tomo ahora, como una insinuación para que fuese su sucesor: por lo menos no se  me  ocurrió  este  pensamiento.  Pero  tenía  bien  claro  que  me  estaba  imponiendo  una  inmensa obligación.  Han  pasado  casi  treinta  años  desde  que  lo  vi  por  primera  vez  en  Constantinopla,  en 1920. Toda mi vida ha cambiado bajo el influjo de sus ideas y su enseñanza. Vengo trabajando con grupos desde 1932, primero bajo la dirección de Ouspensky y después dirigiendo mi propio grupo. Sabíaque estaba obligado a pagar, transmitiendo lo que había recibido: pero nunca pensé que esto significase que tenía que repetir como un loro lo que se me había enseñado. Hacía muchos años que la señora Ouspensky me había dicho: “¿Por qué imita usted al señor  Ouspensky?  Usted  no  puede hacer su trabajo igual que él. Usted debe hacer su propio trabajo a su manera”. No eché en saco roto este  sabio  consejo.  No  podemos  realizar  nuestro  propio  destino  imitando  a  los  demás,  por  muy aventajados que estén. El mismo Ouspensky lo sabía muy bien. Tengo ante mí algunas páginas de la primera versión de “Fragmentos de una Enseñanza desconocida”, que después se publicó como En busca de lo Milagroso.Están corregidas por su propia mano, pero no se incluyeron estas páginas en la versión final. 

No hay duda de que representan la forma de pensar de Ouspensky en el momento en que se escribió el borrador, aproximadamente en 1923. Agradeciendo a la nieta de la señora Ouspensky su permiso para incluirlos aquí, voy a copiar de ellas unos párrafos, que pueden aclarar mucho la relación entre Ouspensky y su maestro.“La explicación de Gurdjieff era tan distinta de todo lo que nosotros consideramos una buena exposición,  que  me  mueven  a  decir  algo  sobre  ella.  


El  nunca  daba  nada  de  una  formacompleta.  Daba  únicamente  los  indicios  de  las  ideas,  dejándolas  ahí  para  que  sus  alumnos trabajasen  con  ellas.  Nunca  se  esmeró  con  la  terminología  ni  con  la  nomenclatura,  sino  que cogía las palabras que se le ocurrían y las usaba a su capricho. A veces, de esta forma, hacía definiciones  de  extraordinaria  exactitud,  pero  era  tal  el  cúmulo  de  ejemplos,  que  había  que reconocer muy bien el tema para entender de qué iba la cosa. Pero él insistía en la necesidad de comprender una idea de forma global, antes de pasar a sus detalles.“Usted  no  sabe  hablar”,  solía  decir  a  hombres  que  estaban  considerados  como  buenos oradores,  dentro  de  los  gustos  europeos.  “Hay  que  hablar  sin  determinar.  No  hace  falta detallar, basta con indicar el centro de gravedad”.Pero la idea principal sobre sus métodos es que, dando a sus oyentes y a sus alumnos sólo el principio  de  las  ideas,  parecía  que  se  quedaba  esperando  después  para  ver  qué  hacían  con ellas. Si alguno podía hacer algo con lo que se le había dado, siempre podía contar con que se le  daría  más,  mientras  que  los  que  se  conformaban  con  recordar  lo  que  hubieran  oído  e intentaban guardarlo y, sobre todo, no enseñarlo a los demás, con el tiempo, inevitablemente, lo  perdían  todo.  Esto  me  recordaba  la  parábola  de  los  talentos.  Gurdjieff  indefectiblemente actuaba como un hombre, que salió de viaje a un país lejano.Llamó a sus siervos y repartió entre ellos los bienes. A uno de dio cinco talentos; a otro, dos y a otro uno. Dio a cada uno según su capacidad y salió de viaje. Entonces el que recibió cinco talentos comerció con ellos y ganó otros cinco más. De igual forma, el que había recibido dos ganó otros dos. Pero el que había recibido uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.Pasaba  exactamente  igual  con  Gurdjieff.  Unos  recibían  más  y  otros  menos,  según  su capacidad y su entrenamiento. Lo importante era lo que cada uno hacía con ello. Si trataba de analizar las ideas, buscar correlaciones nuevas, descubrir el significado de sus esquemas en la vida y transmitir sus ideas a otros, su pensamiento crecía y, al cabo de algún tiempo, él mismo se maravillaba de la riqueza acumulada en las dos o tres máximas que Gurdjieff había dejado caer como por casualidad. Pero, sin no veía la necesidad de elaborar estas ideas, si confiaba a su memoria literalmente lo que había oído  y pensaba que esto era todo lo que se podía decir sobre  el  tema  o,  por  el  contrario,  pensaba  que  no  se  le  había  dicho  todo  y  que  debía  esperar para  descubrir  algún  secreto  que  faltaba  todavía,  éste  nosólo  no  encontraba  nada,  sino  que poco a poco, la idea que había recibido en su forma original empezaba a disiparse de su mente y muy pronto la había perdido completamente. Pero lo que le ha pasado a éste puede ser útil a los más aventajados, que han tratado de sacar provecho a su idea.Porque al que tiene se le dará y tendrá más todavía; pero al que no tiene, se le quitará incluso lo poco que tiene.Viendo  esto  y  muchas  cosas  más,  llegué  a  la  conclusión  definitiva  de  que  las  ideas  de Gurdjieff son ideas vivas que crecen  y se multiplican si se atienden debidamente, es decir, si están  en  el  ambiente  apropiado.  Nunca  permanecen  en  su  forma  original:  o  crecen  o desaparecen.

El  hombre  que  ha  recibido  y  aceptado  sus  principios  debidamente  empieza  a  sentir  lainfluencia del interesantísimo proceso del desarrollo y la combinación de estas ideas”.Así es como terminaba la versión original del prólogo de Ouspensy.Cuando Ouspensy rompió con Gurdjieff en 1924, opinaba que el sistema se separaría por sí mismo deGurdjieff,  aunque  daba  gran  importancia  a  conservarlo,  hasta  donde  fuese  posible,  con  las mismas   directrices   con   que   Gurdjieff   lo   había   dirigido   desde   1915   hasta   1918.   El   sabía perfectamente  que  la  actuación  escribiendo  y,  cuando  era  posible,  recibía  copias  a  multicopista  de los “Relatos de Belzebú”, pero nunca nos habló  de ellos. Por el contrario, nos decía que teníamos que tomar las ideas tal como se nos daban, sin poner ni quitar nada. Este siguió siendo el programa seguido por los grupos más próximos aGurdjieff. No puedo considerar esto un fallo, porque tenía la gran ventaja de asegurar que lo que había dejado Gurdjieff estaría siempre a nuestra disposición, sin tropezar  con  la  dificultad  de  separar  lo  que  proceda  de  otras  fuentes.  En  la  exposición  queestoy haciendo en este libro, no he tenido en cuenta ningún otro material tanto como las mismas fuentes de  las  que  Gurdjieff  sacó  sus  ideas.  Creo  que  solamente  podremos  comprender  las  ideas  en  sí  si logramos una conexión entre Gurdjieff y sus fuentes, queyo llamo los Maestros de la Sabiduría. Su trascendencia  para  el  mundo  depende,  en  gran  parte,  de  que  participen  en  una  gran  acción concertada, que estoy seguro de que empieza a inducir a la humanidad a una nueva forma de pensar en el hombre, en el Universo y en Dios. Esto era una misión que Gurdjieff se propuso a sí mismo y espero demostrar en el libro que dio un gran paso hacia su cumplimiento.En  conclusión,  quiero  dejar  claro  que  este  libro  no  es  una  biografía  de  Gurdjieff,  aunque  me  he visto  obligado a  reconstruir,  hasta  donde  sea  posible  la  historia  de  los  primeros  treinta  años  de  su vida,  que  es  casi  desconocida  para  el  mundo  occidental.  No  se  trata  de  una  exposición  de  sus enseñanzas,  aunque  he  considerado  necesario  estudiar  detalladamente  algunas  de  sus  ideas  más importantes.  Tampoco  pretendo  hacer  un  relato  personal  de  mis  experiencias  como  alumno.  Hubo algún momento en que pensé contar algunos de los casos extraordinarios que ocurrieron en los dos últimos años de su vida, cuando lo veía con mucha frecuencia, pero no he querido dar a conocer mis impresiones subjetivas. He intentado ser objetivo, y basarme en toda la documentación disponible, pero aún así, no he podido evitar mi propia interpretación. Esta tiene que ser, por fuerza, distinta de la  que  den  otros,  pero  al  fin  y  al  cabo,  está  basada  en  un  largo  período –cincuenta  y  dos  años-de contacto con Gurdjieff y sus ideas y métodos.Este libro no hubiese podido llegar a la imprenta sin la intervención de Lord Thrulow, que, con toda generosidad  hadedicado  gran  parte  de  su  primer  año  de  jubilación  a  ordenar  y  revisar  mi manuscrito. No ha alterado el sentido, que es responsabilidad totalmente mía, sino que ha eliminado muchas cosas superfluas  y ha mejorado el orden  y  la presentación. Quedan muchos defectos; pero son míos, no de él. En los últimos capítulos he contado con la ayuda de Alick Bartholomew, a quien tengo  la  satisfacción  de  tener  como  editor,  después  de  25  años  de  satisfactoria  asociación  con Hodder  and  Stougton.  También  quiero  manifestar  mi  agradecimiento  a  Trilby  Noon,  que  era  mi secretaria  cuando  se  escribía  este  libro,  y  nos  protegía,  con  tacto,  de  las  visitas  inoportunas  y  que, además, demostró grandes dotes de clarividencia para leer mis manuscritos, casi indescriptibles.


Autor: John G. Bennett

Libro: "Gurdjieff: Haciendo un nuevo mundo"