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La Danza Sufi


La Danza Sufi

Cuando hablamos de danza sufí no se puede no mencionar la tradición islámica que se encuentra en las montañas.

El sufismo tiene sus raíces en el lejano siglo VIII d. C. en la región Medio Oriental, in en manera particular en dos estados esenciales, Persa y Turquía, aunque su influencia llegó hasta otros países como India y Arabia, donde en formas parecidas y originales se practicaba ya desde hace cientos de años.

Con Sufismo entendemos el camino que recorre el que desea llegar ante Dios, amparándose en todo un conjunto de doctrinas y disciplinas de búsqueda espiritual, un conjunto de comportamientos y costumbres capaces de desarrollar y profundizar de manera total los fundamentos religiosos.

Esta es la corriente mística del Islam, en la cual los miembros y discípulos se benefician de artes como la poesía, la danza y la música para poder entrar en contacto con Allah.

A pesar de ser relevante la influencia de la antigua devoción cristiana, del neoplatonismo y de la religión india, el sufismo es con seguridad y estrictamente de naturaleza islámica, aunque dirigido y abierto a todos los hombres, sin exclusión de origen, raza y fe religiosa; de hecho no es simplemente una religión, ni un culto o una corporación, no pertenece ni a Oriente ni a Occidente, pero es una enseñanza dirigida a la búsqueda de la verdad, basado en conceptos substanciales como la comprensión, la libertad de pensamiento, la hermandad, la solidaridad y la igualdad entre los hombres.

Esta Doctrina expresa la unidad, y está ligada a la totalidad de las cosas creadas, incluyendo el hombre, vista desde la óptica de una única manifestación de Dios, donde la meta principal del sabio sufista es la de conseguir una completa y absoluta implicación del propio yo en la existencia universal.

Este recorrido contempla unos pasos obligados: el primero es la observación de la ley, que el afiliado respeta por amor a Allah, luego viene la practica manifestada con el ascetismo, el rezo y la meditación, que los prosélitos llaman Vía, y al final, como último paso, el alcance de la realidad justa, análoga a la dicha budista, conquistando el nirvana.

Es un camino profundamente espiritual y meditativo, que se basa en la experiencia de los principios vividos en la vida cotidiana y que lleva a aceptar la misma como la total y absoluta expresión de Dios.

Por su naturaleza fuertemente reverencial y contemplativa, el sufismo siempre ha favorecido, sostenido y desarrollado las artes que mejor expresan el interior y el subconsciente humano: poetas, músicos y filósofos, desde los tiempos pasados, han intentado siempre unir y hacer vivir el islamismo más ortodoxo con esta corriente de pensamiento, autores celebres, con sus extraordinarias poesías, han glorificado el éxtasis con el cual es posible alcanzar la plenitud divina.

El Sufismo está dividido en tres distintas hermandades, ligadas entre sí por el elemento distintivo de tener todas una guía propia, el maestro, considerado a menudo un santo, un profeta con grandes dotes carismáticas; nacido alrededor del siglo X pero consolidados sucesivamente en el siglo XII, estos grupos de fieles tomaron referencia de las primeras comunidades cristianas.

Muchos surgieron allí, llegando a ser punto de referencia y de considerable influencia, pero uno en particular fue el que señaló y representó de manera significativa tal experiencia.

En el siglo XIII Jalal alDin Rumi- llamado Mevlana, Maestro- poeta y místico nacido en Afganistán y que vivió luego en Turquía y Kenya, fundó la hermandad de la Mevleviyya.

Sobre el origen del nombre sufi podemos considerar más de una teoría: para algunos puede tener cierta relevancia por cercanía con la palabra Sophia, que en griego y en persa significa sabiduría, para otros viene del antiguo termino suf, que significa lana, refiriéndose al tejido áspero tradicional, en lana, con el cual se confeccionaban las túnicas de los ascetas.

Estos místicos, sobre todo los del primer periodo de esta nueva enseñanza, pasaban la mayoría de su tiempo meditando y rezando en el desierto, con sus dos únicas propiedades, su túnica y un cubo para el agua: sus vestimentas estaban como es lógico gastadas y en mal estado, con remiendos y parches, que con el paso del tiempo llegaban a ser cientos, tantos como los nombres de Allah citados en el Coran; después, en época medieval, los parches se utilizaban de varios colores, para poder diferenciarlo de manera clara con el vestido del pobre, el dervish.

Para otros más, esta palabra tiene su origen de la expresión ahl us-Suffa, aquellos del porche, refiriéndose a los que seguían al profeta Muhammad, Mahoma, y que, para estar más cerca a su Maestro, renunciaron a todos sus bienes viviendo en el exterior de su casa para poder así escuchar mejor y aprender sus preciosas palabras y compartir con él todas las ofrendas hecha en su honor; y también esta expresión podría venir de safa, pureza, para indicar la absoluta virtud de los sufi.

Los Dervishi, termino persa para indicar mendigos, eran los que pertenecían a algunas comunidades de fieles islamistas, las turuq, frecuentes sobre todo en Turquía y Persia; estos discípulos podían profesar su credo moviéndose constantemente y viviendo de limosna o también viviendo en monasterios, dedicándose al rezo y a la meditación y se hicieron famosos por las técnicas utilizadas para alcanzar un estado de exaltación mística gracias a practicas como métodos especiales de respiración, declamar palabras repetidas y con rezo referidos a Dios, y también sometiéndose a pruebas como clavarse aguja en el cuerpo o caminar sobre brasa encendida, y moviendo el cuerpo como en la más notoria danza de rotación,costumbres usadas desde siglos y utilizadas para alcanzar un estado similar al trance.


Entre los más conocidos los dervishi de la Orden de los Mevlevi, citados anteriormente, son por cierto los más famosos y significativos: acompañados por una música con fuertes características espirituales, dirigida a una reflexión profunda, capaz de acercar a los creyentes a Dios, estos ascetas, vestidos por completo en blanco, con una larga túnica que se abre sobre una falda larga hasta los pies y que les permite, durante el movimiento giratorio, hacer que parezca un grande disco inmaculado, dando vueltas como un torbellino, su mano derecha levantada hacia el cielo lista para recibir los dones del Omnipotente, mientras su mano izquierda bajada hacia la tierra, como en un gesto de compartir juntos a los demás los regalos recibidos del Señor, siendo así ellos mismos un medio entre la tierra y el cielo.

Esta danza, llamada semá, encierra en si muchos valores simbólicos, y se celebra en su forma más completa la segunda semana de diciembre, como referencia al aniversario de la muerte del Maestro Rumi que sucedió el 17 de Diciembre del año 1273.

Muy representativa y profundamente trascendental, esta danza extraordinaria es la referencia de la realidad divina y de la tangible, en la cual todo toma forma y sucede como las más pequeñas partículas, los planetas y el pensamiento. El Semá es un rezo, expresa la elevación espiritual, el recorrido ascético del individuo hacia Dios y viceversa, recorrido que al final lo lleva de vuelta a la tierra de donde partió.

En el ritual toman parte, por un lado, un grupo de músicos y cantantes, mientras por el otro el Maestro, él que cataliza y supervisa la ceremonia, el jefe de los bailarines y los mismos bailarines, llamados semazen, todos hombres, dieciocho en el ritual integro, llevando el típico vestido inmaculado y con encima una capa negra: estos son, de hecho, los únicos colores admitidos.

Para completar la vestimenta se utiliza un sombrero, un alto cilindro de paño marrón como símbolo de la lapida de la tumba que oprime el hombre en su estatus terrenal.

La música, fundamental en este ritual, es la del nay, la flauta de tradición antiquísima, instrumento distintivo en algunas zonas de Persia y de Asia Occidental, y que tiene un papel espiritual en la música turca, juntos a los Kudum, pequeños tambores que ayudan a marcar el tiempo, y los halile, sonoros platos hechos en cobre, típicos de las melodías otomanas. Además del sonido de los instrumentos musicales, también el canto acompaña las celebraciones: es un canto ceremonial, donde a menudo los textos están extraídos de los poemas y de otros escritos del místico Rumi.


El argumento principal está basado sobre dos certezas básicas para los devishi: la capacidad de alcanzar el éxtasis a través de la danza y el papel irreemplazable de la misma para alcanzar tal estado.

Propósito fundamental de los bailarines no es el de perder la conciencia por medio de la danza y aislarse del mundo exterior en una especie de trance, sino lo contrario, gracias a este movimiento en armonía con cada elemento natural, desde el más pequeño componente hasta las estrellas y los planetas michos más grandes, el bailarín da gloria al esplendor y a la existencia de Dios, empatiza con Él, Le reza y Le ofrece honores; en esta poderosa manifestación de alabanza al Señor se funden juntos tres factores básicos de la naturaleza humana: la mente, donde residen sabiduría, conocimiento e intelecto, el corazón, sede de las emociones donde la música y la poesía encuentran su hogar, y finalmente el cuerpo, que a través del acto de dar vueltas pone en movimiento la misma vida, unidos entre sí en el nivel ideal como en la acción, y aquí como en ninguna otra tradición o ceremonial.

Otro de los símbolos esenciales en la danza sufi es el circulo, que encontramos tanto en la repetición del gesto físico como en la forma que toma la vestimenta dando vueltas: un grande disco, símbolo de la unidad y totalidad de las cosas, movimiento perfecto sin principio ni final, que nos pone en contacto con el Divino, recorrido puesto por planetas y galaxias, por el sol y las constelaciones celestes; esta forma absoluta es desde siempre concepto, pensamiento compartido en muchas culturas: así como en el budismo el mandala, término sánscrito con muchos significados de circulo, circunferencia y también ciclo, es utilizado por los monjes y los chamanes como medio de meditación y portador de sabiduría, y un símil lo encontramos en la tradición de los nativos americanos, expresada a través de los objetos sagrados para los brujos, como la rueda medicinal utilizada por el mago para curar y sanar, o también en la vida de las tribus que se encontraban todos sentados en circulo para sus asambleas.

En los países como Turquía, la historia de los dervishi Sufi es la representación tangible de como es posible comunicar con el Divino a través de un arte tan elevada y noble como la danza, a la cual solo se acede primero con cumplir el deber de una formación ardua y difícil: un periodo de 1001 días de penitencia, ayuno y meditación.

En el Semá, manifestación en la cual se funden más elementos como la música, el canto, la poesía, el pensamiento, el movimiento, la luz y el color, encontramos representados y mostrados todos aquellos símbolos que están a la base de la búsqueda del discípulo sufi, en su más completa totalidad, y que va más allá de la normal predisposición al rezo.


Fuente: http://www.mundoetnico.com/index.php?m%E3%BAsica-%E3-tnica-instrumentos-musicales-autores-e-instrumentos_163/la-danza-sufi_182/