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El Recuerdo de Sí


El Recuerdo de Sí

LA PRÁCTICA DE LA PRESENCIA

[Él] “habla de todos los que están ´mayormente desencarnados´, como que realmente no tienen un cuerpo. ¿Ahora, qué ridículo es eso?... pero de pronto puedo ver lo que dice. Sí, hay un cuerpo, pero no me percato de él conscientemente… [Él] vuelve a hablar sobre redirigir la atención más allá del cerebro de la cabeza, amplificando las vibraciones del cuerpo, encarnando”.

William Patrick Patterson, 221.


Recuérdate, buscador

La auto observación es totalmente esencial, si deseo conocerme y madurar en un ser humano y no permanecer en el nivel de existencia de los mamíferos, un piloto inconsciente, llevado por el hábito, mecánico, esclavo de mi historia personal y de fuerzas inconscientes que se derivan de ella.

La auto observación y el recuerdo de sí no son prácticas separadas; son pasos esenciales y unidos de una misma práctica. Primero debe llegar el recuerdo de sí, entonces le puede seguir la auto observación, al igual que la semilla, antes que pueda crecer la planta. Sin recuerdo de sí, toda así llamada “auto observación” es sólo mental y por lo tanto vulnerable a la imaginación y la ilusión, parte del mecanismo de ensueño inconsciente. La observación, sólo desde lo mental, no conduce a nada, produce fantasía y división interna, o puede dañar o producir patologías internas. El destino es el presente, debe ser renovado constantemente con cada respiración o se perderá la conexión.

El recuerdo de sí ubica al observador en el tiempo y el espacio, en el presente, en el cuerpo, asienta la observación en el cuerpo. El presente es el destino para el trabajo sobre el ser.* A menos que se haga participar al cuerpo en la auto observación, la práctica no conduce a nada. En su nivel más fundamental, el primer paso del recuerdo de sí es recordar que tengo un cuerpo y de que existo en él por un tiempo: “Estoy aquí ahora”.

La auto observación, sólo desde lo mental, puede resultar en patología dañina. Todo camino espiritual tiene una patología. Una patología que se asocia con la auto observación es la obsesión centrada en uno (por lo cual la práctica del recuerdo de sí no implica sólo al ser, sino al otro). Deseo trabajar con la mente, no desde la mente. Trabajar sólo con o desde la mente, produce un cisma, una separación interna por la cual comienzo a juzgar y trabajar contra lo que observo, en vez de hacerlo con lo que observo y por mis metas internas.* Lucho con lo que observo, con la ilusión de que puedo cambiar lo que veo. Esta lucha por cambiar lo que observo da malos resultados, a menudo perjudiciales, y me llevan en una mala dirección, de la que podría no reponerme.

A medida que llego a conocerme como entidad mecánica, tomado constantemente por la identificación* con los hábitos mecánicos del cuerpo, comienzo a desarrollar un cuerpo de impresiones conscientes, cuya acumulación crea tanto la voluntad* y el deseo* en mí, de modo de que no me olvide de mi inconsciencia habitual. La acumulación de impresiones da una fuerza detrás de mi deseo de permanecer presente. Sólo entonces mi resistencia a ser tomado por el hábito, me ayudará a ver y sentir más mi esclavitud.

Dividir la atención

Pero el recuerdo de sí contiene otro aspecto del mismo, que es muy atípico a todos los otros caminos espirituales del mundo: el recuerdo de sí, como lo enseñó el señor Gurdjieff, implica dividir la atención, dirigiendo una parte de ésta hacia, e incluyendo el entorno externo circundante, o la persona que tengo en frente, y la otra parte de la atención se dirige hacia uno mismo, al mismo tiempo, de modo que no sólo presto atención, y soy consciente del otro, sino también de mi mismo haciéndolo.


Colocar la atención es el Destino

Aquello sobre lo cual pongo mi atención, es en lo que me convierto. Esta es una ley. Es la ley de la identificación. La colocación consciente de la atención escapa a la ley de la identificación y me coloca bajo las leyes del trabajo.* Nos gobiernan leyes de un orden superior e inferior. Nuestra tarea es colocarnos bajo la influencia de esas leyes superiores.

La atención consciente difiere de la atención automática, mecánica, con la que nacemos. La atención consciente debe desarrollarse de manera consciente. La atención es la clave de ésta y de la vida humana sobre la Tierra. El Ser* es Presencia y Atención, ni más ni menos. La Consciencia,* que es Dios, es el campo en el que surgen todos los fenómenos. La atención es la consciencia localizada y enfocada en un punto específico de ese campo. Ese campo es sensible y consciente, principalmente capaz de ser consciente de sí como consciencia, que es la forma más madura del recuerdo de sí. El Alma,* o Ser, tiene dos cualidades esenciales: Presencia y Atención. Las almas son envidadas a la Tierra para desarrollarse como Presencia y Atención. La lucha por estar presente desarrolla tanto la Presencia como la Atención. El recuerdo de sí invoca la Presencia; la auto observación la atención. La lucha por estar presente me permite observar al ser en acción. Comienza con la lucha por recordar al cuerpo y colocar la atención conscientemente en él, quitándola de la mente y bajando por el cuello. Esto quita la atención de la identificación con los pensamientos del centro* intelectual, causa de la mayoría de nuestros sufrimientos. Entonces, este es el nivel más fundamental del recuerdo de sí.

Pero esta lucha por estar presente no es tan simple; lo parece, pero de hecho es casi imposible de hacer. No puedo permanecer presente en el ahora del cuerpo por más de unos segundos, pero entonces tengo una reacción interna hacia las impresiones y soy tomado de inmediato por la identificación con los pensamientos o emociones. Esto es así porque estar presente en el cuerpo es un estado diferente de consciencia al que estoy acostumbrado. Es el estado de vigilia. Lleva mucho tiempo acostumbrarse a este nuevo estado de consciencia superior. Por mucho tiempo no puedo ver que la atención es tomada por la identificación. Creo estar presente. La auto observación reiterada revela lo contrario. Es más, no puedo ver que quiero ser tomado, porque el miedo de ver el horror de mi verdadero estado interno es abrumador y es mejor distraerme, constantemente. No puedo permanecer presente porque tanto la Presencia y la Atención en mí son débiles; no están desarrolladas. Es por esto que se me da un cuerpo: para desarrollar estas dos cosas que son las cualidades esenciales del “Ser Yo Soy*” interno. El cuerpo es un mecanismo de realimentación objetiva* para orientar al Ser en el presente. El destino del Trabajo es el presente; una de las metas del Trabajo es desarrollar la Presencia y la Atención al punto de que sean lo suficientemente permanentes para soportar el choque de la muerte física del cuerpo y permanecer presente, sin ser esparcidas y tomadas por la identificación. Trabajamos en la vida para practicar nuestra muerte.


Autor: Red Hawk