loader-missing

El dolor de la separación


El dolor de la separación

El terror de la situación

La raza humana, al ser una mente en masa, está en vía al suicidio. No tiene el poder para destrozar la Tierra; la Tierra sobrevivirá a la humanidad. Pero la humanidad está determinada a destruir la capacidad de la Tierra para soporta la vida humana. Hemos envenenado la atmósfera terrestre: el aire que respiramos está seriamente contaminado por emisiones por sobre todo el planeta; el agua que bebemos está contaminada tóxicamente con metales industriales pesados y otras descargas, con desperdicios de químicos agrícolas tóxicos, y desperdicios humanos de todo tipo; el suelo en el cual cultivamos nuestra comida ha sido destruido por dosis cada vez más pesadas de insecticidas, herbicidas y pesticidas que matan toda forma de vida en el suelo, inclusive a los microorganismos que rompen los nutrientes del suelo y permiten que las delicadas raíces de las plantas los absorban, y también a las lombrices que airean al suelo; luego el suelo está cargado de altas dosis de fertilizantes ricos en nitrógenos que compensan el daño para que puedan crecer los cultivos. Como resultado tenemos un suelo muerto alimentado artificialmente que produce un alimento al que se le ha quitado su valor nutricional.

La raza humana es una mente en masa. La mente de la raza es exactamente como la individual, que hemos descripto en el capítulo I. Es una mente inconsciente, mecánica e ingenua, que tiene su base en el miedo. Vivimos en la era del terror, porque éste es el mundo que la mente ha creado a su imagen. La raza seguirá haciendo exactamente lo que siempre hizo, que es actuar de manera egoísta y ciega, inconscientemente, quitando su atención de la realidad y reconociendo sólo esos datos que son soporte y validan sus esquemas preexistentes, no importa cuán destructivos o mortíferos puedan ser. No puede hacer otra cosa. La mente es una máquina del status quo. Está programada estratégicamente para evitar las relaciones.


Debido a que todas sus estrategias están intactas, calculadas de acuerdo a la situación paternal, la gente dramatiza sus estrategias edípicas de la vida temprana en las circunstancias sociales o políticas comunes de la vida diaria, aún en la vejez.

-Da Free John. “Killing the Tiger”.

Laughing Man 7:2. 17.


La humanidad va camino al suicidio por una razón simple: sufre el dolor y la ansiedad de la separación. Cualquier animal que sea separado de su matriz madre, sufre el dolor y la ansiedad de la separación. Lleva una vida de tristeza y temor. Se vuelve loco. Ese es el estado de la raza humana, gobernada por una mente en masa. Todo esfuerzo por corregir esta situación a gran escala está condenado a fallar, porque el problema es encarado por la misma mente que no sólo lo ha causado, sino que es el problema. La mente en masa siempre opera a nivel del denominador común inferior. La situación sólo puede corregirse a nivel individual.

Y el primer requisito para encarar el problema a nivel individual es recordarme. Debo ubicar el Ser conscientemente en el tiempo y el espacio, en mi entorno inmediato: “Estoy aquí ahora, en este cuerpo, en este lugar”. Este es la primera etapa del recuerdo de sí. Con un mayor perfeccionamiento, una segunda etapa, me vuelvo consciente no sólo de mis movimientos internos, sino también de mi entorno y mi lugar en él. Al mismo tiempo que soy consciente de mi mismo, lo soy también de aquellos seres, humanos, animales y plantas, que se encuentran en mi entorno inmediato, y actúo hacia ellos de la manera necesaria y requerida y que es apropiada para la situación. Uno tiene en cuenta a los demás y a uno mismo. Al hacerlo, uno evita la patología egoísta, obsesionada en uno mismo. Así, en el estado eseral maduro de un Ser consciente, uno pone a los otros antes que uno. Uno tiene en cuenta lo que es de mayor interés del otro antes que el propio bienestar. Esta es la naturaleza del amor imparcial.

Sin embargo, los humanos sufren el dolor de la separación. Estamos separados de, perdimos nuestro sentido por y fallamos en conectarnos con, nuestra madre natural, la Tierra, y por extensión con el cuerpo humano, que es de la Tierra, viene de la Tierra, y regresa a la Tierra cuando es agotado. Cuando esto sucede, todos los seres enloquecen. Vean a los animales en el zoológico que caminan constantemente en un estado de locura, o yacen comatosos en un estado de letargo del cual no pueden levantarse.

Pero nuestro estado llega a más que eso. En mi estado actual, vivo separado de mi propio cuerpo. Vivo en un estado que está identificado con la mente, y la mente se separa a sí misma del cuerpo. La mente y el cuerpo no están juntos, unidos o en armonía. Esto da todo tipo de neurosis y psicosis, locura. En la vida de la mente, tanto la especie como los individuos actúan desde la historia personal, recreando viejos patrones de conducta continuamente y esperando resultados distintos. Espero que me rescate algún salvador porque no soy capaz de detener mi curso destructivo. Estoy quebrado por dentro, dividido, en guerra en mi interior: fumo y lucho por dejar de hacerlo; como demasiado y hago dieta obsesivamente o estoy atormentado por la culpa; acumulo y colecciono; soy adicto a mil cosas y no puedo detenerme; y lucho en mi interior contra lo que me sucede. El maestro espiritual Arnaud Desjardins enseñó que las necesidades insatisfechas del infante y el niño se convierten en los deseos del adulto: todo el tiempo en guerra.


¿Cómo puede una persona utilizar su historia personal para ayudar a su transformación?

La lucha por comprender esta pregunta, decide la dirección de una persona, su suerte, y su destino definitivo. Lo que se da en este libro no es una respuesta a esta pregunta, ya que cada persona debe llegar a la suya, si es que va a crecer en su comprensión, pero lo que aquí se da es esto: los medios para luchar con esta pregunta y observar qué surge. Esto es todo lo que uno puede hacer por el otro, si uno es honesto.

Todos nosotros vivimos en una prisión que nos hemos auto creado, cuyas paredes están construidas por nuestras propias historias personales. El neuropsicólogo Paul Brooke dice, como resultado de sus estudios, “El ser prolongado, que tomamos por nuestro ser, es esencialmente una historia. Es la historia de lo que le ha sucedido a este cuerpo en el tiempo” (126). No lo podemos ver. Nos creemos libres para elegir, y actuamos desde esta creencia como si ya fuéramos libres.

El primer paso en la transformación, es ver con honestidad de que soy esclavo de fuerzas inconscientes sobre las cuales no tengo control, de que estoy indefenso ante mis adicciones y soy arrastrado por mi historia personal. El choque de ver esto con honestidad, me conduce en una nueva dirección con mi vida, si puedo recibir –integrar- este choque de modo de que cuando me olvide, pueda volver recordar. Entonces esto se vuelve el suelo en el cual  se puede plantar la verdadera semilla de la transformación.

La verdadera ayuda está disponible siempre y en todo lugar para nosotros, pero no podemos usarla porque no estamos en “el lugar” donde está disponible. En cambio, vivimos en una prisión que nos hemos auto creado con nuestra historia personal y no podemos ver por sobre sus muros. La verdadera ayuda, del gurú o Dios, siempre existe y sólo en el presente. El presente es la fuente de toda ayuda y toda transformación.

Entonces, ¿puedes intuir el problema, cuando vivo sólo y siempre en mi historia personal? Mi historia personal piensa por mí, habla por mí, y actúa por mí. Entonces estoy separado de mi propio Ser, y de la ayuda que existe en el presente, que asistiría al crecimiento y madurez de mi ser. Y lo que es más, no quiero esta ayuda, aunque pueda discutir que la quiero. La mente es una máquina del status quo.

La mente actúa de manera autónoma, sin mirar los efectos de sus decisiones sobre el cuerpo del cual es parte. Actúa como si fuese una entidad separada. La separación fundamental con el ser, se refleja en todas nuestras relaciones, en las que hay una separación constante en lugar de unidad. Si no estoy relacionado con el cuerpo que habito, y estoy profundamente identificado con la mente, de modo que creo que “yo soy eso”, entonces no puedo tener una relación saludable y madura con otro ser humano o con la Tierra.


Los muchos yoes

La separación no es relación. Cuando la mente dice “yo” habla sólo de ella, y no del cuerpo que habita, o del Ser que habita el cuerpo por un breve momento humano. Y este “yo” que habla en la mente no es siempre y en todo el mismo “yo”, sino un primer “yo” y luego otro, cada cual utilizando el mismo nombre, “yo”, y cada uno con su propia agenda, peleando por la supremacía y control temporal del cuerpo para establecer esa agenda.

Lo mismo sucede con la emoción, cada emoción llamándose a sí misma “yo”. Un “yo” ganará control momentáneo, que establecerá su agenda haciendo promesas que no soy capaz o no quiero cumplir, realizando acciones por las que debo pagar, quizás por el resto de mi vida, con un profundo arrepentimiento por un acto momentáneo. Las prisiones y los cementerios están llenos de esos seres torturados que pagan por los actos impulsivos de un “yo” en ellos, para ser reemplazados por otro “yo” diferente en el momento siguiente, con una agenda totalmente diferente, quizás diametralmente opuesta a la otra: “¿¡En qué pensaba!?”

El recuerdo de sí me coloca en una posición en el cuerpo en la cual es posible observar este fenómeno de los “yoes” múltiples en mí, y para hacerlo de manera más o menos objetiva, sin identificación. Pero esto llega lentamente con el tiempo, a medida que construyo pacientemente un cúmulo de impresiones conscientes de mí mismo, como ser mecánico, desvalido para resistir el poder de la identificación con esos “yoes”.


El problema es que me identifico con muchos de esos “yoes”, y quiero los bienes que me venden, no importa el costo personal o el de aquellos que amo y me aman. Ahí es donde comienza el verdadero trabajo y surge el verdadero sufrimiento. Es allí donde la mayoría abandona el trabajo. Prefieren el sufrimiento que dan esos “yoes” al que brinda la observación cuidadosa e imparcial sobre ellos. Lleva mucho tiempo antes de que pueda ver y sentir la verdad de este estado interno en mí; antes de eso, y por mucho tiempo, es sólo una teoría que no creo, y no puedo creer sobre mí mismo. En cambio, creo ser siempre y en todo un solo “yo” interno, y cuando digo “yo”, lo hago con la convicción de ser siempre el mismo en mi interior.

De hecho, este supuesto “yo” que uso constantemente, que piensa por mí, habla en mi nombre, y actúa por mí, es una máquina, una computadora binaria, programada desde la niñez y aún antes del nacimiento, en mi caso, por el temor. Es una mentirosa, incapaz de ser honesta porque sólo puede ver aquello para lo que fue programada para ver, sus propios contenidos, no lo que es, tal cual es. Nunca es lo mismo por mucho tiempo, sino que cambia constantemente tanto su agenda como su comportamiento. No soy el mismo en la iglesia que el que soy en el reservado de una taberna, ni el mismo en la alcoba que en la sala del directorio, ni el mismo con mi madre que con la mujer detrás del mostrador. Por lo tanto, “yo” no puede ser confiable. Hay una división fundamental en mí. Está la mente, y está el cuerpo que la hospeda. Y operan con energías distintas, de maneras distintas y a velocidades diferentes.


Corrigiendo la división

Para corregir esta separación y división, que proviene del temor, se necesita la acción consciente del Ser interno. Ese Ser es la Presencia y la Atención. La mente sólo puede operar con su pensamiento, si es capaz de ganar el interés y el soporte de la Atención. Cuando la Atención no se identifica con el pensamiento, ningún pensamiento puede durar demasiado tiempo. El hecho es que no puedo observar ningún pensamiento por mucho tiempo. La razón es simple. Ocurrirá uno de estas dos cosas cuando intento observar un pensamiento: 1) Me identificaré con él, punto en el cual toda observación se detiene y captura la Atención, y me vuelvo inconsciente, a merced de la agenda de esos “yoes”, a menos y hasta que vuelva a recordarme; o 2) Cuando surge el pensamiento no participo de él, sin seguirlo ni alejarme de él, ambas acciones de la identificación, y sin consentimiento, la identificación, la fascinación de la Atención, el pensamiento no tiene fuerza propia para seguir, de modo que se suicidará. La energía que representa, se transformará en una energía más fina en mí. Aquí yace el secreto para la libertad interior de la esclavitud de la identificación. El Deseo de la Atención* está en la capacidad de mantener la Atención conscientemente en su centro y no correrse hacia la identificación con el pensamiento y la emoción. Esto es lo que significa trabajar.


La colocación de la Atención es el destino

Nuevamente, la colocación de la Atención es el destino. Soy Presencia y Atención que se hospedan momentáneamente en un instrumento biológico humano.* Uno se vuelve eso en lo que se apoya la Atención. La colocación consciente de la Atención en el cuerpo, uniéndola con la sensación corporal, corriéndola intencionalmente del cerebro de la cabeza y haciéndola descender al cuerpo, donde se encuentra el centro de gravedad, es la clave para la libertad interior de la ley de la identificación. Es el corrimiento consciente que una vez más une a la mente con el cuerpo a través de la sensación, y cura la separación de la que todos sufrimos. Esta colocación consciente de la Atención en el cuerpo es la primera etapa del recuerdo de sí, en un nivel primario, fundamental.

Ahora uno está presente y despierto, presente en el cuerpo y en el momento: Yo Soy.* Uno no puede hacer este corrimiento a menos que esté despierto. Es un movimiento consciente. Sólo entonces puede suceder la auto observación. De otro modo está todo en la mente, un ser dividido, y es patológico, ilusorio, ensoñador, una mentira.

La especie humana sufre, y sufre de la identificación con las mentiras de la mente y sus emociones soporte. El maestro Arnaud Desjardins nos enseñó, “nunca le creas a los pensamientos asociados a las emociones”. Esta enseñanza por sí sola puede darnos un “corrimiento en el contexto” interno y cambiar nuestras vidas, si la comprendemos desde nuestra propia experiencia y observación, si hemos verificado la verdad por nosotros mismos.

Vivimos en la era del terror, porque la mente se basa en el terror, el “terror de la situación” (para utilizar la terminología de Gurdjieff, como dijimos en el capítulo 2), separado de su madre (la consciencia) y de su matriz en el cuerpo. Por lo tanto, ve temor por donde quiera que mire, y cuando no, se imagina el terror a la vuelta de la próxima esquina, detrás de aquel árbol, o en las sombras donde no puede ver.

Debido a que la mente está separada de la matriz, que es el cuerpo, éste sufre también. Sufre de la enfermedad de la mente basada en el temor y de las decisiones que ésta toma, que dañan al cuerpo. Sufre aún más porque cuando no hay control consciente del Ser despierto interior, el cuerpo queda solo y por lo tanto debe operar inconscientemente, en piloto automático, desde los hábitos almacenados, mecánicamente. Como resultado tiene una gran soledad. El cuerpo anhela una relación con el silencioso Ser interno, y el Ser mismo, al estar separado de su matriz y sin relacionarse con ésta, sufre también de una gran soledad de Ser. Por lo tanto, llevo una vida de sufrimiento, soledad y temor. Esta es la condición humana.


El deseo de morir… y la cura

El deseo inconsciente de morir, es el resultado de tales circunstancias. Entonces, la especie va en un viaje hacia la muerte. Cuando un Ser está sujeto a una soledad de espíritu tan constante y sin el entendimiento para sanarlo, por supuesto desea morir. Nuestras relaciones mueren, nuestro espíritu muere, y nuestros cuerpos mueren. Pero lo que es peor, nos morimos antes que nuestros cuerpos. Somos una raza de fantasmas, muertos andantes, sin vida en nuestros ojos, ni en nuestras caras, sin amor en nuestros corazones. Somos una raza descorazonada de seres solitarios desgastando el planeta que es nuestra Madre, y desgastándonos internamente.

Los medios para sanarnos nos han sido dados al nacer. Somos capaces de recordarnos y observarnos. Van juntos, son una sola práctica. Primero me recuerdo: “Yo estoy aquí ahora, en este cuerpo, en este sitio”. Esa es una parte de la primera etapa del recuerdo de sí. Recuero quien soy: “Yo soy Atención”, y entonces puedo correr conscientemente mi centro de gravedad hacia abajo, fuera de la mente, y en relación con el cuerpo que ocupo. Este corrimiento crea un espacio interior, que puede ocupar la Atención.

Sin embargo, veo que no respeto este espacio; no le doy el valor suficiente. Por lo tanto, a menudo no me esfuerzo por mantenerlo o permanecer allí por mucho tiempo antes de sucumbir al llamado de sirena del cerebro. Este espacio, este centro de gravedad, se refuerza con el respeto que surge del sufrimiento y el remordimiento.

Entonces ahora, si lo deseas, trata algo por ti mismo: ¡Detente!

Con el libro abierto aquí, déjalo y pon tu Atención en tu cuerpo. Desde la punta de la cabeza, trata de visualizarte sentado donde estás: tu postura, posición, y ubicación en el espacio. Percibe tus pies sobre el piso, el contacto de tu cuerpo con la silla, tu respiración ingresando y saliendo, las sensaciones del cuerpo tanto internas como externas (la temperatura de la habitación, los sonidos en la calle, olores, así.)

Este tipo de Detención interior, puede en cualquier momento del día, sólo para reorientarte, para salir de la mente dominante momentáneamente y restablecer nuestra relación con el cuerpo y la Presencia interior. Este es el comienzo de la primera etapa del recuerdo de sí.

Este trabajo por recordarme y observarme no es un ejercicio militar, aún si a veces mi estilo parece serlo. Es una práctica, apacible, amable y útil de la relación adecuada, comenzando por mí mismo. Es una modalidad sanadora que comienza a hacer efecto lentamente sobre mi descorazonamiento, mis propias heridas. El derecho a sanarme lo tengo de nacimiento: “médico, cúrate a ti mismo”, dijo Jesús. Este es el primer paso al amor incondicional, esta vuelta apacible a la matriz interior. La vuelta a la matriz, no está en la mente, en muchos modos es un alivio. Si lo deseas, puedes buscar una y otra vez este alivio, tan pronto te des cuenta de tu tensión, tu falta de relación, y tu ausencia del presente, el ahora del cuerpo.

La auto observación es un mecanismo de auto corrección. Es el medio por el cual se puede arreglar un corazón roto, o revela un corazón dañado tan seriamente que sólo Dios puede sanarlo, y lentamente, nos revela dónde y cómo encontrar a Dios. Es el don de la gracia de un Creador Misericordioso. El destino es el presente, debe renovárselo constantemente con cada respiración o se perderá la conexión.


Un neurótico es una persona que se preocupa por cosas que no sucedieron en el pasado, en vez de hacerlo por cosas que no sucederán en el futuro, como la gente normal.

-Henny Youngman.


Autor: Red Hawk

Fuente: Libro "El Recuerdo de Sí"